Hablar de Brasil es hablar de América, y viceversa
Por Mariana Capurro (*) El domingo 4 de octubre se juega un partido que determinará el futuro del continente. Lo que pase en las elecciones del gigante de América será clave para nuestra gran región, y por consiguiente en el mundo.
El domingo 4 de octubre se juega un partido que determinará el futuro del continente. Lo que pase en las elecciones del gigante de América será clave para nuestra gran región, y por consiguiente en el mundo.
Se ha hablado mucho de la situación que atraviesa la humanidad en este momento histórico que nos toca vivir. El imperialismo en su afán de dominación de los mercados, los recursos y las finanzas a nivel mundial, precisa de América Latina a sus órdenes, le es imprescindible.
Para eso, necesita gobiernos serviles que pongan el interés de los Estados Unidos por encima del interés nacional, ya sea por convicción, por miedo, o ambas. Lo vemos día a día en la vecina orilla argentina, donde hace un par de días la Corte Suprema asumió el protagónico de la vergüenza habilitando la compra del territorio argentino por parte de extranjeros sin ningún tipo de límites, anulando toda la ley de tierras. En Colombia con Abelardo de la Espriella que arrasa con el proceso de paz, implementa un ajuste en el medio de un terremoto que afectó sobre todo a los sectores más pobres y da un giro diplomático que parece dirigido desde Washington. Así podríamos seguir, enumerando lo que no son sólo gobiernos de derecha en la región, sino más bien títeres de Donald Trump dispuestos a subastar este continente a cambio de un lugar en el plantel de entreguistas de América.
En este panorama, México y Brasil, junto a la agredida y bloqueada Cuba, constituyen los faros de los pueblos del continente, contados de a muchos millones, tenemos hoy como referencia ante la permanente tensión y agudización de la lucha de clases, que se despliega cada día con más intensidad y se manifiesta a diario, en los recortes al Estado en todos los países, que se traduce en millones de personas con hambre y enfermedades que quedan aún más desamparadas, mientras que más de uno de los super ricos de nuestro tiempo, reciben nuevas ayudas del Estado para continuar o instalar sus proyectos que nada positivo dejan a nuestros países, más allá de impactos ambientales con territorios y comunidades destruidas, que luego se traducen en muertes por aguas contaminadas, inundaciones sin precedentes que arrasan con viviendas e infraestructura, y un sin fin de etcéteras.
En resumen, se pasean por Nuestra América como si fuera suya, descartable, mientras la atomización, la manipulación y la fragmentación, muchas veces, nos encuentra en “pampa y la vía”, sin capacidad de reacción, y, sobre todo, de articulación.
Lula representa todo eso que necesitamos, representa una historia de lucha, de resistencia y de construcción de poder popular desde el sindicalismo y la militancia de izquierda, de la derrota al lawfere y la lucha frontal contra el imperialismo, algo que hace falta mucho más de lo que quisiéramos.
Lula les pone nombre y apellido a los intereses de los Estados Unidos y jerarquiza los intereses de las y los brasileños, y no solamente de ellos, porque se asume latinoamericano y con él lleva de la mano al enorme, maltratado y heroico pueblo brasileño con él. Ese pueblo que fue esclavizado, que es negro e indígena, con todo lo que cabe en esas dos palabras, la cantidad de lenguas, cosmovisiones, expresiones culturales e historia colectiva de cada uno de los pueblos africanos que arrancaron de su tierra varios siglos atrás y que sobreviven hoy de miles de formas, de la inmensidad de comunidades indígenas que hoy, a la hora en la que se publica esta columna, mañana y pasado, así como desde hace siglos, continúan cuidando y protegiendo esta tierra que es de todos, dejando la vida y más.
Hablar de Brasil es hablar de América y viceversa. Lula lo sabe, nosotros lo sabemos, y los imperialistas, también.
El habla con su pueblo propone y escucha, es un imprescindible. Cuando se lo quiso amenazar desde el norte con aranceles estrafalarios, redobló la apuesta con la bandera de la soberanía al hombro, haciendo lo que nadie hizo, aplicando la reciprocidad, porque es verdad que el enorme Brasil no cabe en el patio trasero de nadie, tiene cómo y con qué plantarse, sobre todo, voluntad política de hacerlo mientras esté Lula.
El sistema de pagos público PIX es un claro ejemplo del trabajo permanente por la soberanía y en favor de las grandes mayorías. Mientras en el caso argentino hay récords de endeudados con mercado pago, y el presidente Milei plantea lisa y llanamente que la gente que se endeudó para comer no tiene otra más que joderse, el modelo brasileño de Lula planteó un sistema de pagos público, con cero costo para personas físicas y bajísimas tasas para los comercios que sólo tenían a los bancos internacionales como opción, rehenes de las especulaciones y trampas que siempre dejan en desventaja al que menos tiene, un sistema que facilitó el acceso financiero a millones de personas y que, sobre todo, constituye un ejemplo invaluable para todos los países del mundo a la hora de enfrentar el avasallamiento de multinacionales que son más poderosas que muchos Estados Nación.
En esta misma línea, la última de las medidas adoptadas, en torno a la prohibición de las apuestas y casinos online representa un ejemplo más de firmeza en la decisión de gobernar para el pueblo y dar la lucha frontal contra los intereses de la minoría privilegiada que manda en nuestro tiempo. La usura y la manipulación que lleva a los que viven con lo justo, a dejar lo poco que tienen para que unos señores millonarios sean cada vez más millonarios, es lo que son estas apuestas que hace pocos días, están prohibidas en el Brasil de Lula.
Como si todo esto fuera poco, hay otra cosa por la que todas y todos miramos a Brasil en estas elecciones, y es que quizá Lula sea de los pocos políticos en el mundo hoy, junto a Claudia Sheinbaum y Petro, que hablan y piensan en términos de mundo y de toda la humanidad, que son capaces de pensar más allá de los estrechos límites de una nación (aunque tenga el tamaño de Brasil), y eso, hoy en día, es indispensable.
Porque en una época donde el futuro parece terminar siempre en una historia de colapso, Lula además de representar esa historia de lucha y resistencia de la que hablábamos al inicio, sobre todo representa el futuro posible, digno de ser vivido y junto a él los pueblos de América lo estamos construyendo.
Al pueblo brasileño, salú, sabemos que la victoria será suya.
(*) Secretaria de Relaciones Internacionales de la UJC.